El cambio de armario es uno de esos rituales de temporada que muchas esperamos con sentimientos encontrados. Por un lado, da gusto recibir la nueva estación con ropa más ligera y colores vivos; por otro, nos enfrentamos a la tarea de ordenar, limpiar y guardar abrigos, jerséis y edredones. ¿Te preguntas cuándo hacer el cambio de armario? ¿O cómo guardar la ropa de invierno sin que se estropee ni ocupe demasiado espacio? Aquí tienes una guía completa con trucos y consejos para que esta tarea sea rápida, práctica y hasta liberadora.
No hay una regla fija, pero sí muchas ventajas. Cambiar el armario 2 veces al año, una al inicio de la primavera y otra cuando llega el otoño, te ayuda a:
- Optimizar espacio
- Redescubrir lo que tienes y evitar compras innecesarias
- Detectar prendas que necesitan arreglo, limpieza o sustitución
- Mantener el armario ordenado y con buen olor
Elige un día con tiempo libre, sin prisas ni interrupciones. El cambio de armario no es solo una tarea física: también implica tomar decisiones, revisar recuerdos y poner orden mental. Si puedes, hazlo con buena luz natural para ver bien los colores, detectar manchas o desperfectos, y aprovechar la energía del día.
Divide la tarea por zonas (cajones, baldas, perchero) o por tipo de prenda (abrigos, jerséis, accesorios). Esto hará que el proceso sea más manejable y menos abrumador.
Saca toda la ropa del armario, sin excepciones. Solo al ver todo lo que tienes podrás evaluar bien qué necesitas y qué no. Aprovecha este momento para limpiar baldas, cajones y barras con un paño húmedo y un poco de vinagre, bicarbonato o un producto desinfectante suave. Déjalo airear unos minutos antes de volver a guardar.
Si el espacio lo permite, puedes perfumar el armario con bolsitas de lavanda, pastillas de cedro o un difusor natural. ¡Abrirlo cada día será un placer!
Haz montones según su destino:
- Guardar: prendas en buen estado, que te gustan y volverás a usar.
- Donar o regalar: lo que ya no usas, pero está en buen estado.
- Reparar o transformar: arreglos pequeños, cambios de botones o ajustes de talla.
- Tirar: prendas rotas, muy desgastadas o con manchas que no salen.
Hazte preguntas clave: ¿Me la he puesto esta temporada? ¿Sigue siendo de mi estilo? ¿Está en buen estado? ¿La volvería a comprar hoy?
Si te apetece simplificar aún más, puedes aprovechar este momento para crear un armario cápsula: una selección de prendas básicas y combinables entre sí que te permite vestir bien con menos. Ideal para ahorrar espacio y tiempo cada mañana.
Incluso si una prenda parece limpia, puede tener restos de sudor o perfume que, al guardarse durante meses, se impregnan en el tejido. Lava todas las prendas con detergente suave, como Perlan Renueva, y sécalas completamente antes de guardarlas. Si alguna no se puede lavar en casa, llévala a la tintorería o, al menos, déjala airear en un espacio ventilado.
- Cajas para guardar ropa de invierno: mejor si son de tela transpirable (como lino o algodón) o plástico hermético. Evita el cartón en zonas húmedas porque puede deformarse o atraer bichitos.
- Bolsas al vacío: son ideales para prendas voluminosas como edredones, plumíferos o mantas. Reducen el volumen y protegen del polvo y la humedad. Eso sí, no uses este sistema con tejidos delicados.
- Perchas adecuadas: elige perchas resistentes y antideslizantes para abrigos pesados. Las de terciopelo evitan que se deformen y ahorran espacio.
- Organizadores colgantes: perfectos para accesorios o prendas pequeñas.
Si no dispones de trastero o armarios extra, no te preocupes: en casa hay muchas opciones prácticas para guardar la ropa de invierno, como el espacio bajo la cama, ideal para cajas planas o bolsas con ruedas; los altillos de armarios o estanterías altas, perfectos para prendas que no usarás en meses; o incluso una maleta grande que no vayas a utilizar próximamente, que puede convertirse en un excelente contenedor temporal.
Para evitar malos olores e insectos, guarda la ropa limpia y completamente seca, especialmente si es de lana o franela. Usa bolsitas de lavanda, cedro o cítricos secos, y evita la naftalina, que puede dejar un olor persistente en los tejidos.
No te olvides del calzado al hacer el cambio de armario. Límpialo bien por dentro y por fuera para evitar que el polvo o la humedad deterioren los materiales. Rellena los zapatos con papel de seda o usa hormas para que mantengan su forma, sobre todo en el caso de botas o calzado de piel.
Guárdalos en cajas transparentes o etiquetadas para identificar cada par fácilmente. Colócalos en un lugar seco y ventilado, y guarda las botas en vertical para que no se deformen. Así estarán listos para usar cuando vuelva el frío.
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